2-
PROCESO DE PAZ
"Si un hombre formulare un voto a
Hashem o hiciere un juramento estableciendo
una prohibición sobre sí,
no violará su palabra. Conforme
a todo lo que salga de su boca hará"
(Bamidbar/Números 30:3).
Podemos
explicar este versículo a través
de las palabras de nuestros Sabios en
el Talmud (Trat. Nidá) de que una
persona hace un voto en el momento de
su nacimiento de que será un tzadik
(justo) y no un rashá (malvado).
De modo que "Si un hombre formulare
un voto a Hashem o hiciere un juramento
estableciendo una prohibición sobre
sí", significa que cuando,
al nacer, juramos ser tzadikim y
abstenernos de aquello que la Torá
prohíbe, "todo lo que salga
de su boca hará"; nunca debemos
violar ese juramento y sí cumplir
nuestra promesa de llegar a ser una persona
íntegra. Esta esclarecedora interpretación
debiera ser un axioma en nuestras vidas.
Muchas
veces, a lo largo de la vida, nos encontramos
en diversas situaciones, tanto buenas
como malas, con pruebas y sinsabores todos
los días y, frecuentemente, nos
preguntamos de dónde sacaremos
las fuerzas para continuar. La respuesta
es que uno puede perseverar por medio
de la fe y, a fin de hacer aflorar esta
fe desde lo más recóndito
de nuestra alma, debemos ser concientes
del origen de nuestra fuerza. A quien
carezca de una buena base de fe en el
Todopoderoso le faltarán los elementos
para enfrentar los desafíos que
se le presenten con una actitud de Torá.
Si sólo nos imagináramos
frente al Tribunal Celestial haciendo
votos de ser justos y no malvados, eso
nos ayudaría a mantener la promesa
formulada al llegar al mundo. Es lamentable
que lo olvidemos tan pronto.
A
menudo nos reprochamos por no estar en
el mismo nivel en que estábamos
en etapas más tempranas de nuestra
vida. Se suele oír: "Oh, si
yo pudiera regresar a cuando tenía
15 años, o a mi bar-mitzvá.
En esa época yo hacía todo
lo que se debe hacer, pero ahora, míreme,
estoy tan alejado que ya no puedo ser
tan bueno como antes". Recordemos
que tenemos toda una vida para cumplir
aquella promesa original y que el momento
justo es ahora. La Torá dice: "Banim
atem l'Hashem", vosotros sois los
hijos de Hashem, y así como un
hijo siempre es perdonado por sus padres,
de la misma manera Hashem siempre nos
perdonará si nuestro arrepentimiento
es auténtico.
La
imagen de estar parados frente al Trono
Celestial sirve para recordarnos nuestro
origen real. Conforme entramos en el período
de las Tres Semanas, hay otra imagen positiva
que puede alentarnos en la vida. Es la
del Sagrado Templo que una vez estuvo
en pie con todo su esplendor en Jerusalem.
Mientras recordamos el Templo, podemos
apreciar la singular grandeza del pueblo
judío. El Templo no es meramente
un pensamiento abstracto sino parte integral
de nuestras vidas y sabemos que en el
futuro será restaurado a su antigua
gloria. Al menos tres veces por día
pedimos en nuestros rezos que sea reconstruido,
pues nos damos cuenta de que sin él
nuestra vida como judíos no está
completa. El Templo era una fuente de
luz espiritual para todo el mundo, ayudaba
a poner todas las cosas en perspectiva
y a recordarnos permanentemente que debemos
buscar y seguir siempre el camino de Hashem
y mantenernos cerca de Él.
Sabemos
que una de las razones por las que fue
destruido es el sinat jinam, el
odio infundado. Nuestros Sabios nos enseñan
que será reconstruido con ahabat
jinam, amor ilimitado por todos nuestros
semejantes. Todos somos responsables de
ayudar a reconstruir el Bet Hamikdash.
La pregunta es cómo hace cada uno
nuestra parte. Mediante actos de bondad,
acercándonos a esa persona de la
que estábamos alejados y haciendo
las paces con ella, llamando o visitando
a los que están muy solos (especialmente
ancianos), visitando enfermos, etc. Solamente
imaginemos si antes del 9 de Ab cada uno
de nosotros hiciera las paces con alguien
con quien previamente tenía alguna
enemistad. Esto seguramente tendría
un efecto muy positivo en centenares de
miles de personas. ¡Cuánto
espera Hashem la unión de todos
Sus hijos! Que en mérito de nuestras
buenas acciones veamos pronto la Redención
final con la llegada del Mashíaj.
Amén.
(Basado en Rab D. Goldwasser-Jewish Press)